Mostrando entradas con la etiqueta galicia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta galicia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Diez años después del Prestige, la costa de Galicia te espera a todo color

'Se cumplen 10 años del hundimiento del Prestige, 10 años de una marea blanca de solidaridad, 10 años desde que millones de manos voluntarias ayudaron a Galicia, 10 años desde que gente anónima venida de todas partes limpió nuestras costas, diez años en que ni un solo día ha pasado sin que nos acordemos de ti.'
 
Años después de aquel fatídico naufragio del Prestige, de aquella impresionante marea humana de miles de voluntarios que transformó en blanco el negro del chapapote, la Costa da Morte ha recuperado sus colores y todos sus atractivos y quiere mostrar al mundo su potencial intacto y las ilusiones renovadas de una Galicia en Color. A las 15.15 horas del miércoles 13 de noviembre de 2002, el Prestige, un petrolero monocasco griego con bandera de Bahamas y miles de toneladas de fuel en sus depósitos, lanzaba la primera llamada de SOS frente a las costas gallegas. Seis días después, las autoridades deciden remolcarlo mar adentro, y se parte en dos a 250 kilómetros de Finisterre, dejando una marea negra de combustible que inunda el mar gallego y provoca uno de los mayores desastres ecológicos de la historia. Sole Méndez, de Extremadura, se quedó todo este tiempo para verlo en directo, enganchada en estos cantiles para siempre, porque aquí nació su hija ‘Alegría’. Todo un símbolo del renacer de la vida entre el chapapote, un brote tierno atravesando limpiamente la ceniza después del incendio.
 
 
Su única frustración (minúscula) fue leer su sentido discurso en español, después de haber practicado, y usado como propio durante estos años, el idioma gallego.  Lo hizo en deferencia a los medios de comunicación e invitados foráneos, en cuya compañía asistimos el mes pasado a la excursión marítima hasta el Cabo del fin del mundo, Finisterre. Española era también la única bandera del Maria Elena, el barco turístico de Cruceros de Fisterra dispuesto para la ocasión.  En él nos reunimos representantes de la prensa de quiosco y la digital, así como de varias televisiones, para dar fe de todo un cúmulo de emociones, tan variadas como los personajes que acudieron.  Todo era animación a bordo. El alemán departía con el vigués, la veterana percebeira era mimada por las amables ‘azafatas’ de la organización. Varios alcaldes confraternizaban sin colores. Y, en su momento, todos atentos a las imágenes que nos acercaban de nuevo al horror de la marea negra de aquel funesto, sin rumbo y terrible Prestige; a las emocionadas palabras de Susana, de Sole y de Manuel Pan, el presidente de la Asociación de Profesionales del Turismo de Costa da Morte (APTCM). Todos con la faz iluminada, ahora sí, por poder mostrar al mundo entero la belleza de esta costa, totalmente limpia y recuperada. Desde el barco presenciamos el atraque, y desembarque de la pesca del día, de dos embarcaciones locales.
 
 
 
 
Nos cruzamos con un ‘hombre-rana’ que volvía exhibiendo un buen centollo. Pudimos observar un ‘famoso’ cementerio de diseño, al borde del acantilado, envejeciendo sin muertos. Y el guardián luminoso, el faro, que esa noche se sumó al evento con destellos pigmentados. Los que tenemos la fortuna de residir cerca, ya hace mucho que hemos constatado la recuperación de estas riberas, que siguen criando los más sabrosos crustáceos, moluscos y peces, en purísimas aguas batidas por los vendavales y oxigenadas por abundante flora. Texto y fotos: Manolo Bustabad Rapa  nos hace revivir el olor del salitre que curte el rostro, nos colman los sabores de su cocina, nos embelesa el color de estos pequeños pueblos que se bañan con sus barcas de mil colores entre bosques y arenales. Sin embargo lo que de verdad atrae y retiene aquí al forastero, que ya no lo será más, lo que de verdad engancha, su potencial más importante, es el humano, es su gente.
 
 
 
No hay mejores cartas para el resurgir de una comarca, para pasar del blanco y negro al pleno cromatismo. Ahora toca jugarlas con orden y para eso cuenta mucho una buena estructuración de la Administración, desde cada Ayuntamiento hasta la Xunta de Galicia. En esta etapa, tan aciaga para nuestra economía, ojalá se iluminen para enfocar los esfuerzos hacia el sector turístico, en crecimiento a pesar de todo. Porque una buena gestión económica es recortar (lo de moda) en lo superfluo, pero sin olvidarse de invertir en lo rentable (por ejemplo, el Turismo). En la ‘Costa da Morte’ podría traducirse (y sería magnífico) en conseguir una planificación urbanística respetuosa, unas comunicaciones razonables y el desarrollo de los proyectos ya anunciados, cuyo estandarte más notable puede ser el Parador de Muxía. Galicia en Color deberá ser uno de sus motores importantes.
a donde empezaste a cambiar las cosas

 
 

Galicia en color es una campaña promovida por la Asociación Profesional do Sector
Turístico da Costa da Morte (APTCM) con motivo del décimo aniversario del hundimiento
del Prestige, que quiere agradecer el esfuerzo y la solidaridad de miles de voluntarios que
colaboraron en los trabajos de limpieza de la costa gallega.
Si formaste parte de la marea blanca, no te pierdas su web, porque han dejado una botella
con un emocionante mensaje para ti:
Se cumplen 10 años del hundimiento del Prestige, 10 años de una marea blanca de solidaridad, 10 años desde que millones de manos voluntarias ayudaron a Galicia, 10 años desde que gente anónima venida de todas partes limpió nuestras costas, diez años en que ni un solo día ha pasado sin que nos acordemos de ti.  

lunes, 7 de mayo de 2012

La cocina rural de Galicia

La cocina de recursos limitados que durante décadas, o siglos, se practicó en las zonas rurales de Galicia es la gran olvidada del país pero en ocasiones ofrece platos memorables que bien merecen ser recuperados y reintegrados en ese patrimonio común que es la cocina popular gallega, tan diferente y tan alejada de la que habitualmente podemos encontrar en los restaurantes del país.
Uno de esos prodigios es la bola de liscos que de un tiempo a esta parte están recuperando en el ayuntamiento lucense de A Pastoriza, en compañía de las freces, una notable golosina que también pertenece a esa cocina de recursos limitados y de las que hablaremos en un próximo post.

La bola de liscos es, ya lo dije, un verdadero prodigio porque es muy difícil que con tan pocos recursos se pueda obtener un resultado tan magistral: masa de pan, panceta ahumada, chorizo y berzas. Y para más mérito, las berzas solo entran en la bola como envoltorio, aunque transmiten a la misma un aroma y sabor muy definido.



Me cuentan en la panadería Seivane (Bretoña, A Pastoriza) los misterios de la bola.

Una simple masa de pan elaborada con una mezcla de harina de trigo del país y foránea (es sabido que la harina del país panifica mal pero sabe bien, y necesita ayuda para hacer su trabajo), extendida sobre berzas a las que previamente se les quita el nervio central. Sobre la mitad de la masa se echan trozos de panceta ahumada, bien desalada, y rodajas de chorizo (no hay cebolla, ni pimientos, ni nada, absolutamente nada más). Se dobla la masa para cubrir el relleno con la otra mitad y se cierra. No se emplean dos porciones de masa, como en las empanadas, sino una doblada.

La bola se cubre de berzas y va al horno en ese envoltorio vegetal, aunque mediada la cocción la berza superior se retira para que la bola se dore.

En el horno la grasa de la panceta empapa el pan de la masa al tiempo que las berzas aromatizan el conjunto.

Resulta una empanada gorda pero muy jugosa, aromática y sabrosa. Y muy, muy viciosa. Hacía tiempo que no comía una empanada que me llamara tanto la atención.